Fue el propio titular de la Secretaría de Estado de Educación y Ciencias (MEC), Enrique Riera, quien advirtiera inicialmente acerca de una fuerte injerencia política en la toma de los colegios públicos por parte de grupos de estudiantes.

Estos últimos, nucleados en la autodenominada Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FENAES), demandan respuestas instantáneas a situaciones que el sector educativo arrastra desde hace cuatro décadas y más.

El gremio, liderado por Ernesto Ojeda, se muestra intransigente en su posición y, a pesar de todos los llamados al diálogo por parte del Gobierno, amenaza con expandir la ocupación de instituciones educativas.

La radical negativa al diálogo plantea el interrogante acerca de si el gremio actúa siguiendo un plan.

A juzgar por la cercanía de operadores políticos del efrainismo, la respuesta a dicha pregunta es prácticamente afirmativa.

Tanto es así que, en la tarde de ayer, el efrainista y candidato al Parlasur, Néstor Cáceres, así como la esposa de Stiben Patrón, fueron retratados llevando alimentos a los atrincherados en los colegios.

La situación es volátil porque Ojeda definitivamente no tiene la capacidad de controlar lo que él mismo echó a andar.

En la madrugada de ayer, el Colegio Nacional de Luque fue tomado a la fuerza por un grupo de vándalos encapuchados de la barra brava local, que saquearon y causaron destrozos en la unidad educativa.

Coincidencia o no, a la toma por la fuerza de los colegios públicos va emparejada  la marcha de los campesinos en el microcentro de Asunción, encabezada por el polémico Elvio Benítez, candidato a diputado por el efrainismo y el Frente Guazú.

Según algunos analistas, las acciones violentas a las que está recurriendo el efrainismo no tendrá el respaldo de la ciudadanía, atendiendo que las tomas de colegios, como los piquetes de campesinos en el microcentro, solo acarreará disgustos a padres de alumnos y contratiempos a los automovilistas.

LOS OJEDA

El dirigente de la FENAES Ernesto Ojeda es hijo del conocido sindicalista Eduardo Ojeda, quien fuera durante muchos años secretario general de la Central Nacional de Trabajadores (CNT), de extracción clasista.

En setiembre del 2004, Eduardo Ojeda y otros integrantes del comité ejecutivo de la CNT, Juan Ruiz Díaz, Luis Ojeda, Eladio Benítez, Roque Areco, Celso Cáceres, Liberato Arias y Rogelio Núñez fueron separados de la conducción de la central sindical por irregularidades.

De sacrificado mesero en el Barrabar, gracias a la actividad sindical, Ojeda pasó a una vida que demandaba dedicación a tiempo completo a “la lucha”, lo que incluía repetidos viajes al exterior para representar a la clase obrera en congresos de trabajadores.

Eso le permitió recorrer gran parte del mundo y llevar una vida completamente diferente a la que estaba acostumbrado.

Tras el marzo paraguayo, Ojeda se valió de sus contactos en el nuevo Gobierno y entró a las “grandes ligas.” Tanto, que la Organización Nacional Campesina lo denunció como “guante blanco” por “estar metido en varias negociaciones oscuras.”

Con estos antecedentes, no es nada raro que el vástago Ernesto haya recibido de su padre un suficiente adoctrinamiento en las artes dirigenciales.

Según una publicación de julio del 2016 en un medio local, Eduardo Ojeda afirmó que “no tenía nada que ver” con las actividades de su hijo.